Uno de los
aspectos mas envidiados por los adultos sobre la niñez es la simpleza que
tienen para hacer las cosas sin que les importe el que dirán, el poder
expresarse sin temor y el aventurarse a hacer cosas nuevas y dejar volar su
imaginación; sin embargo, es irónico
como ellos son los que hacen que los niños repriman esta libertad para poder
“adaptarse a la sociedad”, sin considerar en todo lo que esto puede repercutir
durante su proceso de madurez.
Las
emociones se relacionan con las experiencias diarias. Los adultos han aprendido
a regularlas y a controlarlas por situaciones o condiciones marcadas por la
sociedad; en cambio, los niños son mucho más expresivos porque no conocen
ningún reglamento social, hasta que los adultos se los imponen. Cabe recalcar
que es importante que los adultos ayuden a los niños a reconocer las emociones
y a vivir con ellas, pero no a limitarlos. El aprender a cómo lidiar con sus
sentimientos puede ayudarle al infante a desarrollar habilidades, mientras que
al no expresarlos sólo se genera represión y trastornos emocionales que se ven
reflejados durante su desarrollo personal y emocional.
En
la actualidad son muchos los niños que tienen menos afecto y educación de la
que necesitan y acuden a la fantasía como refugio, por lo tanto al momento de
llegar a ser adultos no están lo suficiente capacitados para comportarse como
tal. Esto se conoce como el síndrome de Peter Pan.
Hace
un siglo nació un personaje literario que se reconocía de dicha manera, pero
este nombre ahora significa más que eso. Actualmente se utiliza para referirse
a un síndrome definido por Dan Kiley que hace alusión a los hombres que han
alcanzado la mayoría de edad cronológica, pero no la madurez personal.
Este
síndrome describe a la generación de jóvenes que no saben seguir el camino
hacia la adultez, principalmente por inseguridad, y deciden refugiarse en la
infancia. Un hombre “Peter Pan” es alguien que sus emociones están atrofiadas,
ya que él no se permite expresarlas; que durante la etapa del desarrollo
postergo las cosas hasta que fue obligado a hacerlas; que no tiene objetivos o
si los tiene son contradictorios y/o mal definidos; y que durante la niñez
careció de una buena relación con las personas que lo rodean, empezando por las
primarias: familiares y escolares.
Las principales causas por las que
los hombres deciden vivir en un estado infantil, son los problemas de
autoestima ocasionado por el déficit afectivo durante la niñez y el modelo
educacional permisivo con el que los infantes crecen, en el que se crea un
esquema evasivo de responsabilidades y obligaciones.
El niño se ve influenciado a lo
largo de su vida por un modelo familiar, social y sistema educacional, y va
optando por actuar de la manera en la que cree que será mejor aceptado o en la
que se sienta más seguro, muchas veces privándose de madurar. La madurez es un proceso que se va dando poco a
poco, en la infancia se construye la autoestima en función de cómo
interiorizamos los afectos parentales, en la juventud creamos y consolidamos la
autoimagen de acuerdo a nuestra capacidad de aceptarnos físicamente, y en la
edad adulta se desarrolla y se utiliza el auto concepto para corregir las
inseguridades que provienen de las otras dos etapas. Es por eso que si en
alguna etapa se quedaron faltantes o vacíos, se van cargando hasta el momento
en el que es insoportable, la evasión ya no es suficiente escape y es
indispensable madurar si se desea conseguir la autorrealización.
Por lo general la madurez comienza
de los 15 a 20 años, que es donde se hace la aceptación de la autoimagen adulta
y se toman las primeras decisiones, como la carrera a estudiar. Después de los
20 a 35 comienza la toma de decisiones trascedentes sobre la vida social,
laboral, familiar y amorosa. Finalmente, de los 35 a los 50 es una etapa
crítica en la que el adulto define su comportamiento a causa de las decisiones
tomadas durante la fase previa, donde bien puede predominar la madurez o la
impotencia de una vida insatisfactoria. Durante todas estas fases las decisiones
que se toman deben hacerse de manera congruente, reflexiva y consiente, ya que
sino lo más probable es que se reaccione de manera neurótica.
Madurar se define en una persona que
afronta la vida, tiene la capacidad de resolver problemas y tomar decisiones
mediante la reflexión, la autocrítica, con resistencia a la frustración y al
sufrimiento. Citando al psicólogo Antoni Bolinches: “La infancia condiciona el
presente, pero no determina el futuro”. (Bolinches, 2011, p. 114) Es decisión
personal el arreglar las frustraciones de la niñez para tener una adultez
exitosa y sin tantas limitantes emocionales, es un proceso que nos beneficiará
para desarrollarnos mejor y descubrir de todo lo que somos capaces, pero que el
miedo no nos deja darnos cuenta.
Para
dejar descansar a ese niño interior y afrontar la vida de acuerdo a la etapa
vivida se deben de resolver los problemas, pero no solo los actuales, sino
desde los arraigados durante la primera etapa de la vida. Madurar no va a
llegar de golpe, se debe de trabajar en ello, es algo que llega después de
superar varios obstáculos y caídas. Solo se produce si se sabe comprender las
experiencias, tanto positivas como negativas, y extraer lecciones de ellas; se
debe de ser congruente con uno mismo a través de un diálogo interno y responder
a sus obligaciones y decisiones con responsabilidad.
Las personas no pueden detener el tiempo, por lo
que el envejecimiento es inevitable; sin embargo, está en las manos de cada
quien aprovechar el viaje que representa la vida para aprender de cada
experiencia logrando así madurar y convertirse en una persona autorrealizada.
Este síndrome se genera a partir de la represión de emociones, por lo que es
justo sanar y hacernos conscientes de las cargas que fuimos acumulando a lo
largo de nuestra vida, especialmente durante la niñez, para poder lograr
superar traumas y tener un desarrollo emocional, madurar y poder encarar a la
vida con éxito.
Como
dijo Oscar Wilde: “las pequeñas acciones de cada día son las que hacen o
deshacen el carácter”. (Bolinches, 2011, p.217). La madurez, como se dijo
previamente, no llegará de a gratis, sino que es un proceso. Por lo que se debe
reflexionar en dos cosas, independientemente de lo que se vivió y de cómo fue
la vida del individuo, él es capaz de levantarse y tratar con todo lo que viene
cargando para que no le siga afectando y limitando su éxito personal; pero por
otro lado, no se debe permitir afectar el desarrollo de los niños, dejemos que
se expresen, que experimenten, a su edad no es inadecuado; al contrario
permitamos que reconozcan cada una de las emociones que sienten y a cómo actuar
con ellas para lograr un desarrollo congruente, pero esto jamás se logrará si
los adultos les dictan el como actuar. Se está a tiempo de mejorar nuestra
generación, sólo se requiere voluntad; pero sobre todo aún existe la
oportunidad de que se desarrollen nuevas generaciones sin temor al compromiso,
a las obligaciones, sin inseguridades, sino con la voluntad de autorrealizarse
con sus capacidades y habilidades. Los sentimientos como se mencionó al inicio
están presente en la vida cotidiana, siempre están ahí, no los desvaloremos,
trabajemos con ellos y beneficiémonos con un vida de logros y seguridad
personal.
Bibliografía
· Bolinches,
A. (2011). Peter Pan puede crecer. (W. Querétaro, Ed.) Querétaro,
México: Grijalbo.
· Maestre, F. (15 de Julio de 2009). RPP. Recuperado el 30 de Junio
de 2013, de radio.rpp.com.pe/eratabu/experto-llama-a-eviat-"sindrome-de-peter-pan"-desde-la-ninez/
· Palma, M. E. (2009). El Síndrome de Peter Pan. Recuperado el 30
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http://www.revistabuenasalud.com/el-sindrome-de-peter-pan/
· Quiñones, G. (2010). UDEM . Recuperado el 29 de Junio de 2013, de
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www.udem.edu.mx/exaudem_comunidadvirtual/imagenes/articulos/art7-gloria-emocionesninez.pdf


