martes, 18 de junio de 2013

BIOGRAFÍA



Me llamo María José Melo Gómez tengo 21 años y estoy estudiando la carrera de Arquitectura en el ITESO, actualmente curso séptimo semestre. Mi rutina desde que comenzó el mes de Mayo es cada mañana revisar el buzón; la razón de esta acción es algo muy simple, estoy esperando mi carta de aceptación para irme de intercambio el próximo semestre.

El gusto por los viajes comenzó desde que estoy pequeña, mis papás cada que tenemos la oportunidad organizan viajes familiares, sobre todo al interior de México, pero por las limitantes económicas y que es difícil que coincidamos en fechas de vacaciones mi hermana, mi papá y yo, mis papás comenzaron a optar por mandarnos en intercambios.

Mi primer intercambio ocurrió en primero de secundaria (2004) y fue a Chicago por dos semanas. Era la segunda vez que yo visitaba los Estados Unidos. Viajé con mi mejor amiga y no podíamos contener la emoción de estar viajando por primera vez sin papás, aunque claro que junto con nosotras viajaron otros 10 compañeros y dos maestras, pero para nosotras era algo nuevo e increíble. La niña que me recibió se llama Sarah, y la única limitante era mi timidez para hablar en inglés. Pero su familia era muy atenta y dado que su abuelita era mexicana, la mamá se esforzaba en prepararme platillos típicos de México para hacerme sentir en casa. Me encariñé mucho con la familia Wolgamott, fueron muy atentos y cuidadosos, además que se tomaron el tiempo de mostrarme gran parte de la ciudad. Esta experiencia me ayudó mucho para darme cuenta de que el soltar un poco la rigidez en mi personalidad era algo bueno y que la mayoría de veces me ayudaría a establecer nuevas relaciones personales muy valiosas.

El segundo intercambio fue un cambio más drástico. Al entrar a primer año de preparatoria (2007 – 2008), una compañera con la que hace mucho no hablaba me invitó a participar en un plan, irnos de intercambio el siguiente verano durante dos meses. La duración no era la única diferencia con el viaje a Chicago, sino que ahora era irnos nosotras solas, sin maestros ni más conocidos, y era a Quebec donde en vez de inglés tendríamos que comunicarnos en francés, idioma el cual yo conocía, mas no dominaba.

Este viaje tuvo varias complicaciones, y el idioma fue la menor de ellas, pero por lo mismo fue con el que más he aprendido. Con la familia que llegué, los papás justo habían terminado su proceso de divorcio, por lo que hasta el final entendí que la razón por la que me albergó había sido por la paga que recibirían, ya que este proceso había sido costoso. Por inconveniente para la señora, el dinero lo recibió hasta el final de mi estancia, lo cual nos ocasionó varias discusiones. La señora no sabía que el dinero no se lo daría yo, sino la agencia que organizó el viaje, y por otro lado yo no sabía que ella necesitaba el dinero, así que un día de desesperación ella optó por correrme de la casa. Pasaron los días, yo tuve que aprender a exponer mis puntos y defenderme en francés, y a la vez ella se volvió mas comprensible. Al final del intercambio logramos tener una relación de respeto, con ella no logré tener una amistad, pero el quedarme en esa casa, donde yo no era la única extranjera me permitió conocer a otra mexicana que se volvió una gran amiga. Durante mi estancia en Quebec aprendí más sobre el idioma, ya que durante los dos meses fuimos a la escuela, hice amistades con jóvenes de muchas partes del mundo y lo mejor es que son amistades que a la fecha conservo, la niña que me invitó a viajar se volvió una de mis mejores amigas, conocí Quebec, además de otros lados de Canadá, y sobre todo me ayudó a madurar y a valorar la estabilidad de mi familia.

La tercera oportunidad sucedió en el 2009 mientras cursaba tercer año de preparatoria. Esta vez la dinámica era diferente, en vez de viajar, yo recibiría a una niña de mi edad, Sophie Courtemanche. Ella venía de Quebec y era la oportunidad perfecta para yo ser anfitriona y poner en práctica todo aquello que yo había aprendido de mis viajes. [Su estancia fue por dos semanas, las cuales fueron muy divertidas.] Ella venía con toda la disposición de conocer Guadalajara y el idioma no fue una limitante ya que nos comunicábamos en una mezcla de inglés, español y francés, nuestras personalidades eran muy parecidas lo cual facilitó el entendernos y hacernos muy amigas. Este intercambio me ayudó a entender que el recibir a alguien extraño en tu casa es difícil, que lógicamente los cambios no solo los sufre el visitante sino también el anfitrión, pero descubrí que el hecho de que yo ya hubiera viajado antes me hizo ponerme más en los zapatos de Sophie y ayudarla a que no extrañara tanto Quebec.
El hecho de viajar en intercambios es una oportunidad única y muy gratificante, ya que aunque viajes con maestros o por tu cuenta, tienes que aprender a solucionar los problemas o situaciones que vayan aconteciendo y a cuidarte por ti misma. [Es una actividad que representa mucho crecimiento y desarrollo en varios aspectos, como emocional y cultural, además de que aprendes a valorar cosas que das por hecho y hasta tu propia cultura.]

En lo personal es algo que recomiendo ampliamente ya que haces nuevos amigos y descubres habilidades y capacidades que antes por la comodidad de estar en casa no sabías que tenías.

Por esta ocasión el destino del intercambio es Madrid y la duración es un semestre. Cada mañana es una ilusión ver un sobre en el buzón, pero sobre todo que al leer esa carta sea un sí la respuesta. Después de esto sigue un proceso difícil y largo de visa, boletos y arreglar todo lo que la estancia en España involucra; sin embargo, es un proceso que no puedo esperar a hacer. Será muy enriquecedor conocer parte de Europa, tanto para mi persona como para mi desempeño académico, ya que en España se encuentra gran parte de la historia del arte y del arte contemporáneo, por lo que espero que mi carta no tarde en llegar.

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